Hay una diferencia muy grande entre decirle a un equipo hacia dónde tiene que ir y conseguir que ese equipo quiera llegar al mismo lugar. Para mí, ahí está una de las claves del liderazgo.
A lo largo de mi vida tuve distintos desafíos. El tenis me enseñó mucho sobre la disciplina, la preparación y la necesidad de ponerse objetivos que, al principio, pueden parecer difíciles de alcanzar. Pero hay algo que aprendí después y que probablemente sea todavía más importante: cuando el objetivo es grande y depende de muchas personas, ya no alcanza con tener una visión propia. Hay que conseguir que esa visión se convierta en un objetivo colectivo. Eso es lo que intentamos hacer en YPF.
Cuando llegué, tenía muy claro que había que cambiar el rumbo de la compañía. Pero también sabía que ninguna transformación podía depender de una persona. YPF tiene miles de trabajadores, muchísima historia y una responsabilidad enorme con el país. El verdadero desafío era que todos pudiéramos entender hacia dónde queríamos ir y, sobre todo, que sintiéramos que ese camino era nuestro.
Siempre digo que hay tres palabras que resumen ese proceso: visualizar, soñar y ejecutar.
Porque si no sabés dónde querés llegar, es muy difícil construir el camino. Hay que animarse a mirar hacia adelante y pensar qué compañía queremos ser, qué lugar queremos que ocupe YPF y qué podemos hacer con una oportunidad como Vaca Muerta.
Soñar es muy importante. Un objetivo no puede ser solamente un número en una presentación o una meta que hay que cumplir. Tiene que generar algo en la gente. Tiene que entusiasmar, movilizar y hacer que uno sienta que vale la pena el esfuerzo.
Cuando un equipo empieza a soñar con lo mismo, pasa algo diferente. El objetivo deja de ser de quien lo planteó y empieza a ser de todos.
Y finalmente está ejecutar. Porque soñar es lo que nos da la fuerza para avanzar, pero los resultados se construyen trabajando. Tomando decisiones, resolviendo problemas, aprendiendo de los errores y volviendo a intentarlo. En cualquier transformación aparecen obstáculos. Lo importante es no perder de vista hacia dónde estamos yendo.
Eso es algo que aprendí también del deporte. Cuando tenía 11 años me propuse jugar Wimbledon. En ese momento parecía un sueño enorme para un chico de La Plata que recién empezaba a jugar al tenis. No sabía exactamente cómo iba a llegar. Pero tenía un objetivo y empecé a trabajar para conseguirlo. Años después jugué Wimbledon.
Y cuando uno logra algo que durante mucho tiempo imaginó, entiende que el sueño no era el final. Era lo que te daba la fuerza para recorrer todo el camino.
Hoy siento algo parecido con YPF, pero con una diferencia enorme. En el tenis el objetivo era mío. Esto es mucho más grande que cualquiera de nosotros.
Lo que estamos haciendo tiene que ver con la posibilidad de que Argentina produzca más, exporte más, genere más inversiones y pueda transformar sus recursos en oportunidades para millones de argentinos. Por eso creo que los objetivos de país tienen una fuerza especial. Porque trascienden a las personas.
Busquemos la superación
Mi abuela Diolinda me enseñó algo que todavía me acompaña: en la vida no hay éxitos ni fracasos, hay superación.
Creo que el liderazgo también tiene que ver con eso. Con intentar dejar las cosas un poco mejor de como las encontramos. Con ayudar a que otros lleguen más lejos que nosotros. Y con entender que nuestro paso por un lugar tiene sentido si lo que construimos puede continuar cuando ya no estemos.
Por eso, cuando pienso en lo que estamos haciendo en YPF, pienso en una generación de personas que está aprendiendo a trabajar con un objetivo común, que se anima a pensar en grande y que entiende que tiene la posibilidad de ser parte de una transformación que va mucho más allá de una empresa.
Porque al final, liderar no es que todos sigan a una persona. Es conseguir que todos crean en un mismo objetivo y quieran hacerlo realidad.
Horacio Daniel Marín
PRESIDENTE & CEO YPF S.A.
