Durante décadas, la seguridad del paciente se ha construido sobre la identificación de errores visibles: medicamentos incorrectos, cirugías en sitio equivocado, infecciones asociadas al cuidado de la salud.
Estos eventos, claramente
identificables, permitieron desarrollar sistemas de reporte, análisis y mejora.
Sin embargo, existe una zona mucho menos explorada: aquella donde no hay error
evidente, pero el resultado para el paciente es adverso.
En el caso de los adultos
mayores, esta zona no es marginal, es central.
El envejecimiento poblacional ha
transformado el perfil de los pacientes hospitalizados, generando nuevos
desafíos para la seguridad del paciente. Sin embargo, una parte significativa
del daño en adultos mayores no se presenta como eventos adversos tradicionales
ni es capturada por los sistemas de reporte.
El envejecimiento no solo
incrementa la prevalencia de enfermedades crónicas, modifica, de manera
profunda, la forma en que el paciente interactúa con el sistema de salud.
La disminución de la reserva
fisiológica, la fragilidad, las limitaciones sensoriales y la dependencia
funcional configuran un perfil que desafía los supuestos sobre los cuales están
diseñados los procesos hospitalarios pero estos cambios no siempre son visibles
y cuando no son visibles, no se gestionan.
Los
adultos mayores no son solamente más vulnerables. Son, además, más vulnerados
por sistemas que no han sido diseñados para ellos.
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Dra Daniela
García
Cía de Seguros
Fuente: NOBLE
Cía. De Seguros

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