jueves, marzo 02, 2017

El cambio de la cultura organizacional: un desafío.


Servicio diario de Notas de Interés
Publicación electrónica que  difunde temas relacionados con
la Gestión de Instituciones de Salud

Buenos Aires, Argentina, Viernes 3 de marzo del 2017

En el proceso del cuidado de la salud se ha instalado a nivel global el concepto de la calidad y en particular, una de sus dimensiones, la de la seguridad.
Si bien no es el objetivo de este artículo profundizar acerca de la seguridad del paciente, es fundamental tenerla presente, pues es la variable de la calidad que puede ser mensurada en términos de vidas o daños.
Cuando una organización de salud toma como suya la necesidad de la mejora continua en pos de establecer un proceso de atención de calidad, surge casi como un dogma el concepto de que "para que el proceso sea realmente efectivo, se debe producir un cambio cultural y esto es lo más complejo".
Las definiciones de cultura son tantas como espacios de pensamiento de donde surgen. , Algunos ejemplos:
"Recursos acumulados, materiales y/o inmateriales que las personas heredan, utilizan, transforman, aumentan y transmiten". Leach (1970).
"Modelos de vida históricamente creados, explícitos e implícitos, racionales y no racionales que existen en cualquier tiempo determinado como guías potenciales del comportamiento de los hombres". Kluckhohn (1943
"Suma de conocimientos y modelos de comportamiento que tienen en común y que transmiten los miembros de una sociedad particular. Linton (1940)
"Incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales en una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en que vive y los productos de las actividades humanas en la medida en que se ven determinadas por dichas costumbres". Boas (1930): 
Siendo irreverente frente a estos y otros tantos pensadores, se podría sintetizar diciendo, que la cultura, entre otras cosas, es lo que hace actuar a un grupo humano de una determinada manera, interactuando con los conocimientos, aptitudes o actitudes de cada uno de sus individuos.
Para ejemplificar lo expuesto se puede describir una situación habitual en un establecimiento de salud.
Hasta el menos informado sabe que una de las maneras más eficaces de prevenir las infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) es el lavado de manos, sin embargo se deben realizar campañas, establecer mecanismos de control, dedicar recursos, etc. y a pesar de ello hay incumplimientos: "lo que sucede es que en este lugar nadie se lava las manos y me siento ridículo haciéndolo".
En este punto, se podría finalizar este escrito con la frase de Einstein que cierra cualquier presentación que hable de cambio: "Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo" o "inteligente es aquel que sabe a dónde ir, pero más inteligente el que sabe a dónde no tiene que volver" (frase publicada en Velos de Falta)
También se podría concluir con un concepto casi obvio: si el proceso de atención de la salud como está planteado le está provocando daños prevenibles al que debería ser el objeto del cuidado, hay que cambiar la forma de hacer las cosas. Para completar el espacio, simplemente se podría enumerar lo que hay que modificar, desarrollar una guía de implementación y todo resuelto.
Pero… ese eterno "pero", que tira por tierra cualquier propuesta, el problema no es tan simple, hasta tal punto que, en lo que resta de esta presentación, tal vez solo se logre iniciar un proceso de análisis, discusión o reflexión a través de algunos interrogantes.
¿En qué consiste el cambio?
Quizás la respuesta sería que hay que empezar a pensar en el individuo y su entorno, alcanzando a todos, sanos o enfermos, sean el sujeto del cuidado o no.
Si el modelo se centra en el individuo, todo lo que incluye debería ser pensado para protegerlo, minimizando los riesgos que siempre existen y se incrementan cuanto más complejo es el proceso de atención.
En este modelo: "Me lavo las manos para minimizar el riesgo y no porque es una imposición".
Es decir, el sentido no es llegar a cero en la incidencia de IACS, sino poder asegurarle al individuo que en este lugar se hace todo lo posible para prevenirlas, cambiando de esta manera el paradigma desde controlar las IACS para una gestión más eficiente a controlarlas para evitar un daño.
Un hecho de observación es que los médicos que tiene buena relación con sus pacientes sufren menor número de reclamos. Quizás esto se deba al hecho que el paciente percibe o intuye que este profesional hace todo lo que está a su alcance para evitar daños.
El modelo asistencialista centrado en la enfermedad debe migrar al modelo centrado en el individuo, donde son fundamentales la calidad y la seguridad.
Esto que parece simple, es de una complejidad extrema, pues cambiar un modelo requiere cambios de modelos mentales que son los que definen las estrategias y acciones a desarrollar. Cuando estos modelos no son actualizados, el individuo o la organización corren riesgo de fijarse en paradigma que resulta completamente irrelevante para la situación actual.
El cambio relacionado a la cultura o la manera que tiene la organización de hacer las cosas tiene numerosas aristas. Sin entrar en el terreno de la gestión organizacional, se pueden mencionar algunas situaciones que llaman la atención:
  • Establecimientos de salud de mayor o menor complejidad que confunden cambio con crecimiento, evolución o incremento de la complejidad, manteniendo los mismos modelos.
  • El cuidado de la salud requiere procesos muy complejos (asistenciales, gerenciales y de soporte) y es una de las actividades de mayor riesgo; sin embargo, la mayoría de las organizaciones no se gestionan por procesos ni planifican el manejo del riesgo.
  • Existe una tendencia a repetir dentro de los establecimientos el modelo de organización funcional propio de estructuras pequeñas o, lo que es peor, la gestión lineal. 
  • El riesgo se asume como posible y se utilizan gran cantidad de recursos para resolver el daño, pero no para su prevención. 
¿Por qué la resistencia al cambio?
¿Crear un modelo centrado en el individuo, minimizar los riesgos, evitar el daño, disminuir la mortalidad evitable, cumplir con el concepto de "Primero no dañar", usar eficientemente los recursos, ser consecuentes con una misión, sostener valores éticos y morales, no deberían ser razones suficientes para promover un entorno de calidad y seguridad en el que todos los intervinientes se encuentren convencidos?
A pesar de la tendencia de responder afirmativamente, cuando se transitan los establecimientos de salud, la resistencia al cambio es notoria y se tiene la sensación que por cada convencido surge un nuevo resistente.
Si se tiene como valor primordial el de no dañar y a pesar de ello hay resistencia al cambio, es imprescindible entender el motivo. Para ello, quizás, habría que solicitar la ayuda del Dr. Freud o su legado. 
Es común ante el planteo que tal o cual actitud tiene implícito un riesgo, el interlocutor responda utilizando alguno de los mecanismos de defensa del inconsciente: disociación, formación reactiva, negación, proyección, racionalización, altruismo, intelectualización, sublimación, supresión, etc.
Un diálogo del día a día podría ser:
  • Dr. X, el marcado del sitio quirúrgico es bueno para la seguridad del paciente
  • Totalmente de acuerdo
  • ¿Y por qué no lo hace?
  •  Porque desde siempre hice las cosas así y nunca me pasó nada
  • Dr. X, las estadísticas y las probabilidades son inexorables, Ud. lo debería entender porque la medicina es fáctica y probabilística, por lo tanto, si nunca le sucedió, está cada vez más cerca de que le suceda. Además, deberíamos cambiar el foco: al que le sucede no es a Ud., es al paciente.
  • Es un buen punto, lo voy a pensar.
"Al otro día sigue procediendo igual".
Sorteando estos complejos vericuetos de la mente humana que seguramente encontrará caminos conscientes o inconscientes de justificación para el no cambio, no hallamos respuesta acerca de sus motivaciones profundas.
La resistencia al cambio de un modelo en general responde a tres situaciones: no conocer, no poder, no querer.
Detectar cuál de estas tres razones en forma aislada o en conjunto es el motivo de la resistencia puede ser el primer paso para encarar las acciones para vencerlas.
No querer cambiar sabiendo que el accionar es potencialmente dañino obedece a razones subyacentes mucho más complejas.
Nada mejor que el ejemplo que utiliza la Real Academia Española cuando describe el término Subyacer: "Dicho de una cosa: estar oculta tras otra. Ejemplo: Lo que subyace tras su comportamiento es un gran miedo a lo desconocido".
En este punto es interesante incluir un concepto que en muchos casos es el mayor enemigo de cualquier proceso de cambio: "la zona de confort". Estar en la zona de confort es la justificación perfecta para no hacer, no crecer o no arriesgarse. El cambio puede obligar abandonar esta zona de confort que da seguridad y sensación de bienestar. El conflicto aparece cuando la permanencia en esta zona puede perjudicar a otros y, más aún cuando perjudica a quien hay que cuidar. 
Los argumentos utilizados para justificar esto pueden llegar en algunos casos a la irracionalidad extrema.
La zona de confort (dependencia y seguridad), está rodeada de la zona del temor dominada por las creencias, las emociones y las opiniones. 
Hay que intentar llevar a aquellos que está aferrados al confort a la zona de la acción y el aprendizaje regida por la realidad, y aspirar a entrar en la zona de la auto realización y la autoestima, que se encuentra definida por los éxitos y los fracasos.
Los integrantes del equipo de salud que se encuentran en zona de confort y dejan de ser consecuentes con su misión, visión y valores pueden ser grandes generadores de la resistencia al cambio.
Por supuesto que existen otros factores, en general individuales, que deben ser tenidos en cuenta como la presión, el antagonismo hacia quien pretende introducir el cambio, no haber participado en la planificación, amenaza a la experiencia, a las relaciones establecidas o a la distribución de recursos.
¿Cómo se vence la resistencia?
Quizás la forma más sencilla de responder es teniendo un diagnóstico de los factores de resistencia y actuando sobre ellos, además de sumar a los que tienen deseo de cambiar, voluntad de mejorar, nuevas ideas, creatividad, capacidad de innovación, inconformismo con la situación actual y visión de futuro.
Bien, pero en la práctica ¿cómo actuar? 
      Ante el obstáculo de No conocer:  con capacitación
      Ante el obstáculo de No poder:  asignando recursos
      Ante el obstáculo de No querer: entendiendo las motivaciones, introduciendo factores que saquen a las personas de su zona de confort.
Además:
      Participando a todos en el proceso de planificación e implementación del cambio. 
      Escuchando todas las opiniones e ideas, creando un marco de intercambio y no de imposición.
      Estableciendo una matriz para cada área o individuo, en la que se destaquen claramente los beneficios y riesgos del cambio contra los beneficios y riesgos del statu quo.
Pero lo que es más importante: 
      Acordando con todos los integrantes de la organización que el cambio hacia un modelo centrado en el paciente y sustentado en la calidad, beneficia a todos, ya sea a los pacientes, al entorno o al personal.
Seguramente, al final del camino seguirán existiendo algunas resistencias individuales. Habrá que identificarlas, conocer sus motivaciones y si resulta que éstas están por encima del bienestar de los pacientes, habrá que aislarlas, pues sin dudas serán contrarias al objetivo común.
       
Por el Dr. Ricardo G. Herrero

Leído en RPNews

El cambio de la cultura organizacional: un desafío.

 En el proceso del cuidado de la salud se ha instalado a nivel global el concepto de la calidad y en particular, una de sus dimensiones, la de la seguridad.
Si bien no es el objetivo de este artículo profundizar acerca de la seguridad del paciente, es fundamental tenerla presente, pues es la variable de la calidad que puede ser mensurada en términos de vidas o daños.
Cuando una organización de salud toma como suya la necesidad de la mejora continua en pos de establecer un proceso de atención de calidad, surge casi como un dogma el concepto de que "para que el proceso sea realmente efectivo, se debe producir un cambio cultural y esto es lo más complejo".
Las definiciones de cultura son tantas como espacios de pensamiento de donde surgen. , Algunos ejemplos:
"Recursos acumulados, materiales y/o inmateriales que las personas heredan, utilizan, transforman, aumentan y transmiten". Leach (1970).
"Modelos de vida históricamente creados, explícitos e implícitos, racionales y no racionales que existen en cualquier tiempo determinado como guías potenciales del comportamiento de los hombres". Kluckhohn (1943
"Suma de conocimientos y modelos de comportamiento que tienen en común y que transmiten los miembros de una sociedad particular. Linton (1940)
"Incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales en una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en que vive y los productos de las actividades humanas en la medida en que se ven determinadas por dichas costumbres". Boas (1930): 
Siendo irreverente frente a estos y otros tantos pensadores, se podría sintetizar diciendo, que la cultura, entre otras cosas, es lo que hace actuar a un grupo humano de una determinada manera, interactuando con los conocimientos, aptitudes o actitudes de cada uno de sus individuos.
Para ejemplificar lo expuesto se puede describir una situación habitual en un establecimiento de salud.
Hasta el menos informado sabe que una de las maneras más eficaces de prevenir las infecciones asociadas al cuidado de la salud (IACS) es el lavado de manos, sin embargo se deben realizar campañas, establecer mecanismos de control, dedicar recursos, etc. y a pesar de ello hay incumplimientos: "lo que sucede es que en este lugar nadie se lava las manos y me siento ridículo haciéndolo".
En este punto, se podría finalizar este escrito con la frase de Einstein que cierra cualquier presentación que hable de cambio: "Si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo" o "inteligente es aquel que sabe a dónde ir, pero más inteligente el que sabe a dónde no tiene que volver" (frase publicada en Velos de Falta)
También se podría concluir con un concepto casi obvio: si el proceso de atención de la salud como está planteado le está provocando daños prevenibles al que debería ser el objeto del cuidado, hay que cambiar la forma de hacer las cosas. Para completar el espacio, simplemente se podría enumerar lo que hay que modificar, desarrollar una guía de implementación y todo resuelto.
Pero… ese eterno "pero", que tira por tierra cualquier propuesta, el problema no es tan simple, hasta tal punto que, en lo que resta de esta presentación, tal vez solo se logre iniciar un proceso de análisis, discusión o reflexión a través de algunos interrogantes.
¿En qué consiste el cambio?
Quizás la respuesta sería que hay que empezar a pensar en el individuo y su entorno, alcanzando a todos, sanos o enfermos, sean el sujeto del cuidado o no.
Si el modelo se centra en el individuo, todo lo que incluye debería ser pensado para protegerlo, minimizando los riesgos que siempre existen y se incrementan cuanto más complejo es el proceso de atención.
En este modelo: "Me lavo las manos para minimizar el riesgo y no porque es una imposición".
Es decir, el sentido no es llegar a cero en la incidencia de IACS, sino poder asegurarle al individuo que en este lugar se hace todo lo posible para prevenirlas, cambiando de esta manera el paradigma desde controlar las IACS para una gestión más eficiente a controlarlas para evitar un daño.
Un hecho de observación es que los médicos que tiene buena relación con sus pacientes sufren menor número de reclamos. Quizás esto se deba al hecho que el paciente percibe o intuye que este profesional hace todo lo que está a su alcance para evitar daños.
El modelo asistencialista centrado en la enfermedad debe migrar al modelo centrado en el individuo, donde son fundamentales la calidad y la seguridad.
Esto que parece simple, es de una complejidad extrema, pues cambiar un modelo requiere cambios de modelos mentales que son los que definen las estrategias y acciones a desarrollar. Cuando estos modelos no son actualizados, el individuo o la organización corren riesgo de fijarse en paradigma que resulta completamente irrelevante para la situación actual.
El cambio relacionado a la cultura o la manera que tiene la organización de hacer las cosas tiene numerosas aristas. Sin entrar en el terreno de la gestión organizacional, se pueden mencionar algunas situaciones que llaman la atención:
  • Establecimientos de salud de mayor o menor complejidad que confunden cambio con crecimiento, evolución o incremento de la complejidad, manteniendo los mismos modelos.
  • El cuidado de la salud requiere procesos muy complejos (asistenciales, gerenciales y de soporte) y es una de las actividades de mayor riesgo; sin embargo, la mayoría de las organizaciones no se gestionan por procesos ni planifican el manejo del riesgo.
  • Existe una tendencia a repetir dentro de los establecimientos el modelo de organización funcional propio de estructuras pequeñas o, lo que es peor, la gestión lineal. 
  • El riesgo se asume como posible y se utilizan gran cantidad de recursos para resolver el daño, pero no para su prevención. 
¿Por qué la resistencia al cambio?
¿Crear un modelo centrado en el individuo, minimizar los riesgos, evitar el daño, disminuir la mortalidad evitable, cumplir con el concepto de "Primero no dañar", usar eficientemente los recursos, ser consecuentes con una misión, sostener valores éticos y morales, no deberían ser razones suficientes para promover un entorno de calidad y seguridad en el que todos los intervinientes se encuentren convencidos?
A pesar de la tendencia de responder afirmativamente, cuando se transitan los establecimientos de salud, la resistencia al cambio es notoria y se tiene la sensación que por cada convencido surge un nuevo resistente.
Si se tiene como valor primordial el de no dañar y a pesar de ello hay resistencia al cambio, es imprescindible entender el motivo. Para ello, quizás, habría que solicitar la ayuda del Dr. Freud o su legado. 
Es común ante el planteo que tal o cual actitud tiene implícito un riesgo, el interlocutor responda utilizando alguno de los mecanismos de defensa del inconsciente: disociación, formación reactiva, negación, proyección, racionalización, altruismo, intelectualización, sublimación, supresión, etc.
Un diálogo del día a día podría ser:
  • Dr. X, el marcado del sitio quirúrgico es bueno para la seguridad del paciente
  • Totalmente de acuerdo
  • ¿Y por qué no lo hace?
  •  Porque desde siempre hice las cosas así y nunca me pasó nada
  • Dr. X, las estadísticas y las probabilidades son inexorables, Ud. lo debería entender porque la medicina es fáctica y probabilística, por lo tanto, si nunca le sucedió, está cada vez más cerca de que le suceda. Además, deberíamos cambiar el foco: al que le sucede no es a Ud., es al paciente.
  • Es un buen punto, lo voy a pensar.
"Al otro día sigue procediendo igual".
Sorteando estos complejos vericuetos de la mente humana que seguramente encontrará caminos conscientes o inconscientes de justificación para el no cambio, no hallamos respuesta acerca de sus motivaciones profundas.
La resistencia al cambio de un modelo en general responde a tres situaciones: no conocer, no poder, no querer.
Detectar cuál de estas tres razones en forma aislada o en conjunto es el motivo de la resistencia puede ser el primer paso para encarar las acciones para vencerlas.
No querer cambiar sabiendo que el accionar es potencialmente dañino obedece a razones subyacentes mucho más complejas.
Nada mejor que el ejemplo que utiliza la Real Academia Española cuando describe el término Subyacer: "Dicho de una cosa: estar oculta tras otra. Ejemplo: Lo que subyace tras su comportamiento es un gran miedo a lo desconocido".
En este punto es interesante incluir un concepto que en muchos casos es el mayor enemigo de cualquier proceso de cambio: "la zona de confort". Estar en la zona de confort es la justificación perfecta para no hacer, no crecer o no arriesgarse. El cambio puede obligar abandonar esta zona de confort que da seguridad y sensación de bienestar. El conflicto aparece cuando la permanencia en esta zona puede perjudicar a otros y, más aún cuando perjudica a quien hay que cuidar. 
Los argumentos utilizados para justificar esto pueden llegar en algunos casos a la irracionalidad extrema.
La zona de confort (dependencia y seguridad), está rodeada de la zona del temor dominada por las creencias, las emociones y las opiniones. 
Hay que intentar llevar a aquellos que está aferrados al confort a la zona de la acción y el aprendizaje regida por la realidad, y aspirar a entrar en la zona de la auto realización y la autoestima, que se encuentra definida por los éxitos y los fracasos.
Los integrantes del equipo de salud que se encuentran en zona de confort y dejan de ser consecuentes con su misión, visión y valores pueden ser grandes generadores de la resistencia al cambio.
Por supuesto que existen otros factores, en general individuales, que deben ser tenidos en cuenta como la presión, el antagonismo hacia quien pretende introducir el cambio, no haber participado en la planificación, amenaza a la experiencia, a las relaciones establecidas o a la distribución de recursos.
¿Cómo se vence la resistencia?
Quizás la forma más sencilla de responder es teniendo un diagnóstico de los factores de resistencia y actuando sobre ellos, además de sumar a los que tienen deseo de cambiar, voluntad de mejorar, nuevas ideas, creatividad, capacidad de innovación, inconformismo con la situación actual y visión de futuro.
Bien, pero en la práctica ¿cómo actuar? 
      Ante el obstáculo de No conocer:  con capacitación
      Ante el obstáculo de No poder:  asignando recursos
      Ante el obstáculo de No querer: entendiendo las motivaciones, introduciendo factores que saquen a las personas de su zona de confort.
Además:
      Participando a todos en el proceso de planificación e implementación del cambio. 
      Escuchando todas las opiniones e ideas, creando un marco de intercambio y no de imposición.
    Estableciendo una matriz para cada área o individuo, en la que se destaquen claramente los beneficios y riesgos del cambio contra los beneficios y riesgos del statu quo.
Pero lo que es más importante: 
      Acordando con todos los integrantes de la organización que el cambio hacia un modelo centrado en el paciente y sustentado en la calidad, beneficia a todos, ya sea a los pacientes, al entorno o al personal.
Seguramente, al final del camino seguirán existiendo algunas resistencias individuales. Habrá que identificarlas, conocer sus motivaciones y si resulta que éstas están por encima del bienestar de los pacientes, habrá que aislarlas, pues sin dudas serán contrarias al objetivo común.
       
Por el Dr. Ricardo G. Herrero


Leído en RPNews

Matrix hospitalario: centro virtual donde sólo falta el paciente.

Los alumnos de Medicina de la Universidad de Granada usan desde hace meses un sistema de gestión que permite controlar todos los procesos hospitalarios del paciente desde el ordenador.
El paciente llega a Urgencias con, por ejemplo, un dolor abdominal. Tras revisar su historia clínica, pasa a planta, donde los médicos evalúan las pruebas diagnósticas que se le podrían hacer. Solicitan un TAC y, una vez conocido sus resultados, estipulan un tratamiento, que podrá funcionar o no. Todo desde la pantalla de un ordenador y sin que el paciente esté presente físicamente porque, de hecho, el paciente no existe.
El sistema permite controlar digitalmente todo el proceso del paciente desde que ingresa en el hospital hasta que recibe el alta
Así funciona un novedoso software con el que trabajan, desde hace unos meses, los estudiantes de Medicina de la Universidad de Granada y que sirve, en resumidas cuentas, para que los alumnos aprendan a usar precozmente los sistemas de gestión o información hospitalaria (los llamados HIS) que posteriormente usarán cuando lleguen a los hospitales, y donde quedan registrados todos los pasos que da un paciente desde que entra hasta que sale del hospital.
Pedro J. Romero, uno de los profesores que tutela a los estudiantes que trabajan con este sistema, llamado NS-Hospital, explica a SaluDigital.es que “la idea es generar una especie de hospital virtual de la propia facultad de Medicina. De esta forma nosotros abrimos una planta de Cardiología, Cirugía o Neumología, en la que ingresamos virtualmente pacientes con historias clínicas reales, aunque con datos personales ficticios, y los ponemos a disposición de los alumnos”.
Y es que, aunque actualmente los alumnos de Medicina suelen tratar con pacientes reales desde los primeros cursos de la carrera, no es hasta que no finalizan su formación cuando comienzan a trabajar con estos sistemas informáticos, que resultan vitales para solicitar y recibir resultados de las pruebas diagnósticas, justificar pautas de tratamientos, o simplemente controlar la ocupación de camas o los tiempos de espera de los pacientes.
José Ramal, CEO de Naturalsoft y uno de los desarrolladores de este sistema, que ya funciona de forma real en muchos hospitales, no tiene constancia de que haya otra Facultad española donde los estudiantes usen programas de gestión hospitalaria durante la carrera, y recuerda que “hace 40 años todos los hospitales iban a papel, la historia clínica era una funda de cartón con los episodios asistenciales. Ahora, todo está informatizado, desde una radiografía hasta cualquier otro aspecto del hospital, por lo que usar estos sistemas es fundamental”, señala en declaraciones a este medio.
CASOS CLÍNICOS CASI REALES
“El uso de este modelo fomenta mucho el pensamiento crítico y el diagnóstico diferencial, porque son los estudiantes los que tienen a cargo a sus pacientes y los que toman todas las decisiones”
La ventaja de este sistema es que, más allá del entrenamiento informático que supone para los estudiantes, también permite establecer casos clínicos casi reales, aunque su resolución siempre requiera de la presencia del profesor. Para ello, se ha creado una asignatura optativa que se imparte en quinto curso.
“En ella pretendemos que los estudiantes se encuentren con que tienen a su cargo a pacientes ingresados, que vienen por un motivo de consulta específico, con una historia clínica similar a las que se hacen en Urgencias, y con unos datos básicos de exploraciones físicas y complementarias. A partir de ahí, todo está en manos del alumno”, afirma Pedro J. Romero.
A lo largo del proceso, es el profesor el que aporta los datos de los resultados de una prueba o un tratamiento indicado por los estudiantes, lo que permite a los mismos conocer la evolución de ese paciente y ser conscientes de si están actuando de forma adecuada o no.
“Esto fomenta mucho el pensamiento crítico y el diagnóstico diferencial, porque los estudiantes son los que toman todas las decisiones, habitualmente en grupo, y el profesor va guiando la evolución que tiene el paciente en función de lo que ellos están haciendo”, añade el profesor de la Universidad de Granada.
Este hospital virtual, donde sólo falta el paciente, también permite a sus usuarios acceder a contenidos y documentos necesarios para el trabajo diario del médico, como vademecums y otras fuentes de conocimiento médico.
LA IMPORTANCIA DEL CAMINO
Durante los primeros meses de funcionamiento de este software de gestión hospitalario implantado en la Universidad, Pedro J. Romero ha descubierto que, más allá del entrenamiento digital del alumno, el sistema está sirviendo también para enfatizar el interés, no sólo por llegar a un camino correcto en el tratamiento del paciente, como por el proceso por el que se llega a dicho camino, que puede ser una prueba diagnóstica o un tratamiento concreto.
El software de gestión hospitalaria es similar al que los alumnos encontrarán en los hospitales cuando se adentren en el mundo laboral
“Por ejemplo, puede ser que para un paciente con un problema hepático el médico acabe indicando la realización de una biopsia hepática, pero una biopsia no puede ser siempre la primera prueba que se toma. Por tanto el proceso que hay entre medio es importante, y eso es lo que pueden aprender en esta asignatura”, indica Pedro J. Romero.
Experimentar así virtualmente el proceso asistencial mediante un sistema informático puede ayudar a preparar al futuro médico para abordar las situaciones reales del paciente y de su gestión hospitalaria una vez que dé el salto al mundo laboral. “La herramienta es como un extra en la formación del profesional que le acabará siendo muy útil en el futuro”, concluye el experto.
Por: ANGEL ESPÍNOLA | Madrid - 18-02-2017

Leído en ConSalud

Pacientes con ACV, montan un laboratorio para neuro-rehabilitación.

Un equipo de investigación montará un laboratorio de Neuro-rehabilitación en el Hospital Guillermo Rawson, cuyo objetivo será favorecer la recuperación de pacientes que hayan sufrido un accidente cerebro-vascular, con la ayuda de tecnologías específicas. El tratamiento estará a cargo de un grupo interdisciplinario del que participan médicos, fisioterapeutas, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, psicólogos, entre otros.
Desde hace más de una década, un grupo de investigadores del Gabinete de Tecnología Médica (GATEME) trabaja en una línea que ayuda a las personas que sufrieron un accidente cerebro-vascular (ACV) a recuperar las funciones perdidas. Una parte importante de estos tratamientos es la rehabilitación, definida como la “identificación de los problemas y las necesidades de una persona, la relación de los problemas con los factores pertinentes de la persona y el ambiente, la definición de los objetivos de rehabilitación, la planificación y la aplicación de estas medidas y la evaluación de sus efectos”.
De esto depende, muchas veces, adquirir mayores destrezas para desempeñarse en las actividades de su vida diaria y poder obtener una mayor independencia. Por lo tanto, son necesarias Terapias de Neuro-rehabilitación para la reintegración en la sociedad que se logra mediante acciones específicas para recuperar o reemplazar las estructuras o funciones deterioradas o inexistentes, a través de la atención médica, la reeducación de la persona y de la adaptación de elementos compensatorios que le permiten realizar actividades de la vida diaria.
Aunque una gran parte de las habilidades funcionales pueden recuperarse después de un ACV, es un proceso continuo y depende de la rehabilitación dinámica, que debe corregir cualquier comportamiento no deseado de movimiento, con el fin de alcanzar los objetivos propuestos. Las personas que sufren un ACV, en su etapa aguda de tratamiento, requieren de una fase de rehabilitación bien planificada para lograr los mejores resultados posibles.
En la actualidad, es tendencia en varios países que esta planificación se realice entre un grupo interdisciplinario del que participan médicos, fisioterapeutas, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, psicólogos, entre otros, quienes luego de un exhaustivo análisis inicial inician el proceso de rehabilitación.
Transferencia del proyecto
En este proyecto se propone la creación de un Centro y Laboratorio de Investigación y Neuro Rehabilitación (CyLNR), en el ámbito del Hospital público de San Juan, Dr. Guillermo Rawson, que será equipado con tecnología específica diseñada por el Gabinete de Tecnología Médica de la Facultad de Ingeniería, de la Universidad Nacional de San Juan.
Los destinatarios serán los pacientes en la etapa inicial de recuperación, luego de un ACV, como en forma ambulatoria, una vez que se les otorgue el alta médica. Ellos recibirán atención multidisciplinaria de médicos, kinesiólogos, neuropsicólogas y bioingenieros especializados en el uso de los elementos de rehabilitación y asistencia. Mediante el uso de estas tecnologías se espera intervenir en el proceso de recuperación de los pacientes, con terapias basadas en evaluaciones cuantitativas y seguimiento preciso de las tareas de rehabilitación, especialmente las relacionadas con el miembro superior. Se utilizarán estas tecnologías para realizar estudios sistemáticos de los procesos de recuperación luego del ACV, con el fin de interpretar los mecanismos fisiológicos subyacentes. Además, se apoyará el desempeño posterior del individuo con dispositivos de asistencia, a fin de facilitar su desenvolvimiento en actividades cotidianas.
Laboratorio
En este proyecto se aborda el problema de la recuperación de funcionalidades del paciente, sobre todo las de miembro superior y las relacionadas con la independencia y el desempeño cotidiano. Se propone el desarrollo de tecnologías de diagnóstico, evaluación y rehabilitación, con el fin de comprender con mayor profundidad el mecanismo de recuperación de las funciones motoras, evaluar cuantitativamente su desempeño y evolución, y planificar estrategias de rehabilitación basadas en evidencias. Además, se favorecerá la recuperación integral del paciente con dispositivos de comunicación y control del entorno, a fin de facilitar su desenvolvimiento en actividades cotidianas.
Puesta en marcha
El equipo de trabajo encargado de montar este laboratorio está conformado por la Directora, doctora bioingeniera Natalia López, doctor Ricardo Berjano; doctora bioingeniera Elisa Pérez, doctor Pablo Barceló; doctor Mario Plana; licenciada Valeria Rizo; licenciada Antonella Manni; doctor Daniel Lucato; doctor Juan Carlos Giugni; doctora Julieta Quiroga; doctor Facundo Ortiz; doctor Eric Valdez; doctor Martín Sassul; bioingeniero Emanuel Tello; ingeniero Luis Romero; bioingeniero Andrés Valdez y licenciado Cristian Abelín.
Este proyecto tiene como objetivo que en 2017 el laboratorio esté equipado para poder empezar a calibrar y probar las máquinas. “Sería muy importante para nosotros poner al servicio de la comunidad todo lo que día a día diseñamos y construimos en pos de mejorar su calidad de vida”, concluyó Natalia López, directora del proyecto.
Universidad Nacional de San Juan
Belén Ceballos

Dirección de Prensa y Difusión