Las nuevas herramientas digitales permiten monitorear al paciente fuera del consultorio, detectar señales tempranas de enfermedad y acompañar cambios de hábitos.
Mariano
Benzadón, médico cardiólogo, participó en el Summit de Salud realizado por LA
NACION
La prevención cardiovascular
tiene una paradoja: se sabe qué hay que hacer para reducir el riesgo de
enfermedad, pero lograr que las personas sostengan esas conductas en el tiempo
sigue siendo uno de los grandes desafíos de la medicina.
Así lo planteó Mariano
Benzadón, médico cardiólogo, especialista en cuidados intensivos y gestión
de calidad en salud y director de Calidad, Seguridad y Experiencia del Paciente
y de Innovación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA), durante el
Summit de Salud organizado hoy por LA NACION.
Para el especialista, no fumar,
hacer actividad física, alimentarse de manera saludable, dormir bien y
controlar la presión arterial, el colesterol, la glucemia y el peso son las
ocho medidas esenciales para cuidar la salud cardiovascular. Sin embargo, indicó,
los datos muestran que existe una importante distancia entre esas
recomendaciones y lo que sucede en la vida cotidiana.
La importancia de estas medidas
excede la prevención de un infarto o un accidente cerebrovascular. Benzadón
citó estudios realizados sobre grandes grupos de población que muestran que un
mejor cumplimiento de estos factores también está asociado con una menor
incidencia de enfermedades que afectan a otros órganos. “Hacer prevención
cardiovascular no solo beneficia el riesgo de infarto de las arterias, sino que
también previene otras enfermedades”, sostuvo.
En esa línea, para el
especialista, el desafío aparece cuando esas recomendaciones tienen que
trasladarse a la vida real. Benzadón citó como ejemplos la hipertensión y el
sobrepeso. En el mundo hay más de 1000 millones de personas con hipertensión
y una proporción importante no tiene la presión controlada. Al mismo
tiempo, aproximadamente seis de cada 10 adultos tienen sobrepeso u obesidad.
“Así que nos está yendo mal y estamos en problemas a pesar de que sabemos qué
es lo que tenemos que hacer”, resumió.
Y fue justamente en esa
contradicción donde ubicó la oportunidad para innovar. “Para aquellos que
hacemos innovación, sabemos que estas brechas, estos problemas y estos dolores
son terreno fértil para la innovación”, afirmó.
El cuerpo empieza a
generar información
De acuerdo con Benzadón, durante
décadas, buena parte de la información que un médico utilizaba se obtenía
durante la consulta o a través de estudios solicitados específicamente para ese
paciente. Eso está cambiando.
“La caja de herramientas
convencional de los médicos es la siguiente: interrogamos al paciente, lo
revisamos, pedimos estudios, indicamos fármacos, intervenciones y cirugías”,
describió Benzadón.
Y añadió: “A esta caja de
herramientas en los últimos años se le agregó la denominada salud digital,
consistente en herramientas basadas en software y hardware destinadas
a mejorar la salud de las personas”.
Smartphones,
relojes inteligentes, bandas y otros dispositivos portátiles permiten registrar
variables que antes resultaban difíciles de medir de manera continua: cantidad
de pasos, frecuencia cardíaca, sueño y otros parámetros fisiológicos.
“Nos permiten medir una serie de
variables que antes era muy difícil medir. Toda esta información adicional,
llamada biomarcadores digitales, es sumamente importante y está demostrando que
nos permite gestionar mucho mejor la salud de las personas y la prevención
cardiovascular”, indicó.
Benzadón presentó algunos
desarrollos realizados en el ICBA que muestran hasta dónde puede llegar esta
transformación. Uno de ellos es una aplicación utilizada con pacientes con
insuficiencia cardíaca. Entre sus funcionalidades permite sacar una
fotografía del plato de comida con el celular y obtener rápidamente información
sobre sus componentes nutricionales, como proteínas, hidratos de carbono,
grasas y calorías. La herramienta busca facilitar el seguimiento de la
alimentación en un contexto cotidiano, fuera del consultorio.
Otro trabajo desarrollado en el
instituto exploró el uso de la cámara del teléfono para obtener información
a partir de los cambios de coloración de la piel que se producen con cada
latido. A través de una video selfie, el sistema busca inferir
indirectamente la presión arterial de pacientes con insuficiencia cardíaca.
“Son solo dos ejemplos locales de
cómo con un celular o un reloj inteligente se pueden hacer mediciones en salud
que son críticas para la prevención cardiovascular”, señaló Benzadón.
Cambios en la
relación médico - paciente
De acuerdo con Benzadón, la
tecnología también puede modificar la relación entre el paciente y el equipo
médico. “Hoy, cuando los médicos le decimos al paciente en el consultorio ‘nos
vemos en seis meses o nos vemos el año que viene’, dejamos liberado al paciente
durante un año a una reducción en nuestro cuidado”, planteó.
Y añadió: “Lo otro que podemos
hacer con la salud digital y las aplicaciones es acompañar al paciente entre
consultas”. A través de aplicaciones y sistemas de telemonitoreo, los
pacientes pueden registrar información, recibir indicaciones y, en determinados
casos, transmitir datos al equipo de salud.
Según explicó Benzadón, distintas
investigaciones clínicas analizaron la efectividad de estas herramientas y
algunas mostraron mejoras en determinados resultados frente a la atención
convencional. “Estas verdaderas terapéuticas digitales permiten acompañar al
paciente y mejorar las metas de prevención”, sostuvo.
En el ICBA, por ejemplo, los
pacientes con insuficiencia cardíaca pueden continuar siendo monitoreados
después del alta mediante el celular y dispositivos específicos. “El
paciente que se va de alta entra en un plan de telemonitoreo a través del
celular y de algunos dispositivos que le entregamos, el cual ha demostrado
científicamente reducir las reinternaciones”, contó.
Para el especialista, el
siguiente salto está en la capacidad de la inteligencia artificial para
procesar señales del organismo. Benzadón destacó que ya existen herramientas de
inteligencia artificial aprobadas por la FDA que analizan electrocardiogramas y
pueden detectar enfermedades antes de que sean evidentes mediante métodos
convencionales. “Cuando se puede detectar algo en una etapa tan incipiente, es
una gran oportunidad para resolverlo e incluso prevenir su expresión clínica”,
explicó.
Y precisó que el ICBA también
trabaja en esta línea. “Hemos desarrollado una herramienta con la que,
sacándole una foto al electro, podemos diagnosticar enfermedades que de otra
manera requerirían estudios mucho más costosos o laboriosos”, contó.
“La inteligencia artificial que
está irrumpiendo en todas las profesiones también está impactando en el
consultorio, sirviendo como un soporte cognitivo o copiloto que nos permite
tomar mejores decisiones”, sintetizó.
Por Laura Ponasso
Fuente: La
Nación

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