Según el Índice
de Innovación Regional 2025, desarrollado por el
Hub de Innovación del ITBA y aplicado por la consultora Voices a
4.000 personas en Argentina, Brasil, Colombia y México, la tecnología está
transformando la manera en que los latinoamericanos cuidan su salud. Y el
hallazgo más llamativo no viene de los laboratorios ni de los hospitales: viene
de un chatbot. ChatGPT se posicionó este año como la aplicación de salud más
utilizada en toda la región, desplazando a las prepagas, los portales de
sanatorios y las apps de fitness que dominaban el podio apenas doce meses
atrás. El fenómeno es especialmente contundente entre los jóvenes de 16 a 29
años, para quienes el asistente de OpenAI es, hoy, la primera puerta de entrada
al sistema de salud.
En el 2025, ChatGPT se posiciona
como la app en salud más utilizada en la región, impulsada principalmente por
su uso en Colombia. El 20% de los colombianos ya utiliza ChatGPT como su
principal herramienta de salud. En el resto de los países de la región
evaluados, el porcentaje es del 15%. A la IA de OpenAI le siguen los portales
de sanatorios y hospitales, los sitios web de prepagas y obras sociales, las
apps de cobertura médica, las apps de fitness y Gemini (Google), todos con
participaciones que oscilan entre el 9% y el 19% dependiendo del mercado.
Lo que el estudio revela no es
solo una preferencia tecnológica: es un cambio de conducta. Cerca de la mitad
de la población de la región ya utiliza herramientas de inteligencia artificial
en general y, de ese grupo, el 51% declara que, desde que las adoptó, redujo el
uso de otras plataformas. Dicho de otro modo: la IA no suma, sustituye.
Colombia también lidera en
adopción general de IA: el 61% de los colombianos ya usa herramientas de
inteligencia artificial, y el 32% las aplica específicamente en el trabajo.
Argentina, en cambio, muestra los índices más bajos de conocimiento sobre IA: solo
el 38,5% dice estar bien informado sobre estas herramientas, frente al 43,3% de
México. Sin embargo, la Argentina presenta una paradoja destacada por el propio
informe: es el único país donde la población de menores recursos utiliza más
las apps de educación y seguridad que los sectores de mayor poder adquisitivo,
lo que sugiere que la tecnología puede operar, en ciertos contextos, como
igualadora social.
México ocupa una posición
intermedia pero relevante. Con el 55% de su población utilizando alguna
herramienta de IA y el 43,3% bien informado sobre sus avances, es el país que
muestra el mejor índice de innovación general de la región (27%). En salud, su
adopción de ChatGPT como herramienta principal se ubica en el 16%, en línea con
el promedio regional. Lo que distingue a México en el segmento de mayor edad es
la persistencia de las apps de fitness y los portales de sanatorios como
opciones complementarias en salud, lo que indica que una parte importante de su
población más adulta todavía asocia tecnología sanitaria con bienestar físico o
atención institucional, antes que con consulta asistida por IA.
El escenario de las malas
prácticas es, quizás, el capítulo más delicado del informe. Que un chatbot
generalista se haya convertido en el recurso sanitario más consultado por los
jóvenes de cuatro países no es, en sí mismo, un indicador de salud pública.
ChatGPT no tiene licencia médica, no accede a la historia clínica del paciente,
no puede auscultar ni pedir análisis, y sus respuestas —aunque frecuentemente
útiles como orientación general— no reemplazan el criterio clínico. El problema
no es la herramienta: es el uso. Cuando el 51% de quienes adoptan IA declara
que dejó de usar otras plataformas, surge la pregunta inevitable: ¿cuáles? Si
entre esas "otras plataformas" están los portales de turnos médicos,
las apps de telemedicina o los canales de comunicación con profesionales de
salud, el avance tecnológico podría estar encubriendo un retroceso en el acceso
real a la atención.
A esto se suma la brecha de
conocimiento. El informe registra que el 59% de la población regional dice
conocer poco o nada sobre herramientas de IA específicamente, como ChatGPT,
Gemini o Claude. Es decir: la mayoría de quienes las usan en salud lo hacen sin
comprender cabalmente cómo funcionan, cuáles son sus limitaciones ni cómo
interpretar sus respuestas. En Argentina, ese desconocimiento sobre
herramientas de IA alcanza al 61,5% de la población, el nivel más alto de los
cuatro países estudiados. Usar una herramienta poderosa sin entenderla es, en
cualquier ámbito, un riesgo. En salud, puede serlo doblemente.
El Índice de Innovación Regional
2025 no condena la irrupción de la IA en el sector salud: la describe con datos
y, entre líneas, lanza una advertencia que los sistemas sanitarios de la región
harían bien en escuchar
REVISTA SALUD DIGITAL AMERICAS

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